Por Andrea Ramírez

El México de 20 de noviembre de 1910, aquel que vivía bajo la “Dictadura” del presidente “Porfirio Díaz”, un México descontento, que se regía bajo la escases  y la pobreza, aquel que sentía la división de las clases sociales y  que tenía que soportar jornadas largas de trabajo sin posibilidad de aumento de salario, y sin mayores oportunidades; aquel que cansado ante los fraudes electorales de la reelección,  conllevó bajo el liderazgo de Francisco I. Madero el levantamiento en armas por conseguir un cambio y perseguir un futuro que  prometía una mejor vida.

Para muchos ha sido una lucha  que a la fecha las causas anteriores continúan adaptadas en nuestro México del siglo XX.  Ahora no tenemos sólo una dictadura de un solo presidente sino, la gama de lo que se ha llamado “bipartidista” ante los dirigentes que ha tenido nuestro país, ya que como antecedente de Díaz en nuestra Constitución Mexicana de los Estados Unidos Mexicanos en el artículo 83 decreta encontramos la no reelección, peor la alianza entre partidos cada vez más notoria no se eximen de ello, en la que los interese de dos partidos están antes que los de un país.

De las jornadas laborales ni que esperar, aquel mexicano con la esperanza de seguir adelante pasa por las etapas de preparación  e invierte tanto en su futuro, para que el día de mañana cuando sea un egresado universitario, se encuentre con una gran variedad de posibles trabajos para ocupar, horarios extensos, para obtener la paga promedio que le permita comer, y atender su salud ante su descuido personal por sólo enfocarse a las expectativas de un trabajo. Sabemos bien que desde el 96 la palabra “jubilación” o el verbo “jubilarse” se encontraría en ausencia en las generaciones futuras, ya que ahora estas se presentan ante una cultura laboral acompañada del “Out-sourcing” aquel que es el secreto a voces de las empresas con el fin de no generar antigüedad y evitar cobros excesivos.

¿Pero qué pasa ante los problemas que vivimos como sociedad mexicana?, aquellos en donde la inseguridad se encuentra presente, los homicidios y feminicidios son el pan de cada día, al igual que la presencia de un nuevo sector traficante que intente apoderarse de “una plaza”, en la que todo lo anterior ha generado una normalización de la violencia, y que nos hemos acostumbrado a verlo y vivirlo así día con día, llevándonos a las problemáticas que con anterioridad ya estaban escritas en nuestra historia sólo con diferente nombre.

¿Pero qué queda en nuestras manos? ¿Cuál es la esperanza que nos rige y nos señala el camino como mexicanos?, bien es sabido ante la adversidad y los problemas anteriores, el mexicano cuenta con las cualidades de ser perseverante, de salir adelante por él y por su familia, aquel que busca proteger sus valores, y la calidez con la que nos apoyamos en situaciones difíciles tales como en hechos del terremoto en el 86 y el de este pasado septiembre, en donde la solidaridad ante la causa fue notable en la colaboración;  el salir todos los días en busca de una mejor oportunidad laboral, pero sobre todo de vida.

Es aquí en donde concluyo  e invito a reflexionar, nuestra revolución está en nuestro actuar y pensar,  está en nosotros como ciudadanos y como futuros votadores de un nuevo sexenio, el cual se ejerza  bajo la búsqueda de  propuestas que nos ofrecen los  candidatos, de los cuales promuevan con fin de mejora de nuestro país, ya que este es nuestro parte aguas para nuestra visión a futuro y así mismo el ejercer que son empleados del pueblo y denotar cuando exista inconformidad ante lo que no queramos que nos impongan;  todo en base a la Constitución Mexicana de los Estados Unidos Mexicanos, en la que juntos como parte de un país busquemos el fomento a su lectura y su mejora, esto sólo en el aspecto político; en el caso del campo laboral apoyar el emprendimiento, los mexicanos somos creativos por naturaleza, lo que nos falta es sólo innovar los procesos, tenemos la riqueza en materia prima, por lo tanto podemos y tenemos la capacidad de poder generar una mejora económica, y con ello abrir nuestro panorama de mercado, en el que nuestros productos y servicios se expandan por nuevos continentes como en el Europeo, el innovarnos en nuestras formas y a través de plataformas permitirnos la oportunidad de abordarlas para ver el impacto y conexión que podemos obtener en ellos, al igual que mejorar la calidad de nuestros productos; el fomentar la cultura de apoyo y oportunidades para que en el área laboral tanto trabajadores como dirigentes lleven una mejor comunicación y existe una mayor atención a las necesidades de este y brindar el lugar que le corresponde en la empresa, fomentando  así el trabajo en equipo como incentivación de mejores resultados.

Finalmente el actuar con  respeto tanto para nosotros mismos, como para lo ajeno a nosotros,  el seguir promoviendo esa perseverancia y esa fortaleza con la que afrontamos nuestro día a día y que nos caracteriza con orgullo el “ser mexicano”.

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