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La contingencia sanitaria por Covid-19 sin duda alguna ha marcado un antes y un después en la vida de muchas mujeres, con la visibilización de la violencia, pero también con el reflejo en lo cotidiano de los roles de género que, a lo largo de los años, se han asignado a las mujeres.

Las prácticas violentas se han acentuado al convivir más tiempo con los agresores; sin embargo, el detectar estas situaciones, permite que se pueda brindar una atención más oportuna, con apoyo de vecinas, amigas, familiares de las víctimas e instituciones de apoyo como el Instituto Municipal de las Mujeres, es que se ha logrado contribuir en sus vidas para identificar las violencias, prevenirlas y atenderlas.

Tal es el caso de Maricela, que después de un año de llevar su proceso, en abril del presente año tomó la decisión de separarse de su esposo e iniciar una nueva vida, un nuevo proyecto.

Maricela tiene 30 años, es madre de un niño de 3 años, tres adolescentes, una mujer y dos varones, uno de ellos diagnosticado con epilepsia. Cuando habla y cuenta cómo fue reconociendo sucesos que han marcado su vida los cuales recuerda con gran facilidad; les dice con voz clara y directa.

Maricela durante muchos años vivió diversas violencias ejercidas por su pareja, entre ellas la violencia psicológica, física y económica.

En su día a día, no faltaban las frases como “no te voy a dar dinero”, “tu no sirves para nada”, “eres basura”, acompañadas de gritos; todo esto la ponía triste y lloraba constantemente, además de sentirse derrotada, hasta pensar de manera frecuente que “ya no podía más”.

“Tenía muchos problemas con mi esposo, yo ya estaba desesperada. Siempre llegábamos a un acuerdo, pero después era lo mismo, otra vez la violencia. Yo me empecé a deprimir, incluso llegué a decir que no valía nada, tiene razón lo que él me dice”.

Ella acudió al Instituto Municipal de las mujeres en donde le brindaron acompañamiento y en el año 2020 toma la decisión de generar un ingreso para ella, sus hijas e hijos “empecé a trabajar como empleada doméstica y a partir de ese día no nos falta comida”.

La vida de Maricela es distinta y se refleja desde su rostro cuando comparte su historia, en la autonomía física, económica y la toma de decisiones importantes para su vida.

Ahora renta una casa donde se siente segura, tiene tiempo para ella, su trabajo y sus hijos- me siento orgullosa de lo que he logrado, me siento fuerte, me siento bien, me siento viva; trabajo, ahorro y quiero emprender.

Actualmente continúa su proceso terapéutico y jurídico en el IMMujeres, con un proyecto a mediano plazo de iniciar la venta de productos cosméticos y prendas de vestir.

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