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Los videojuegos se han consolidado como una de las industrias culturales más importantes del mundo, con ingresos que superan al cine y la música. En México, su presencia ha crecido de manera constante desde la llegada de las primeras consolas en los años ochenta, pasando por el auge de los cibercafés en los noventa y la expansión de los torneos en línea en la última década. Hoy, millones de jugadores forman parte de comunidades que comparten experiencias, competencias y creatividad.

La industria mexicana también ha buscado abrirse paso en el desarrollo propio, con estudios independientes que producen títulos reconocidos en mercados internacionales. Sin embargo, enfrenta retos como la falta de inversión, infraestructura tecnológica limitada y una percepción social que todavía reduce a los videojuegos al mero ocio, sin reconocer su potencial educativo, artístico y económico.

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En este contexto, el Paquete Económico 2026 incluyó un impuesto a los videojuegos que generó preocupación entre usuarios y proveedores. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que, aunque el gravamen quedó aprobado en la Ley de Ingresos, el Gobierno federal no lo aplicará. Explicó que su implementación resulta demasiado complicada en términos técnicos y operativos, y que la decisión busca evitar afectaciones mientras se revisan alternativas más viables. Con ello, se confirma que para 2026 en México siempre no habrá impuesto a los videojuegos.

La noticia representa un alivio para la comunidad gamer y para la industria, que temía un impacto negativo en precios y accesibilidad. Al mismo tiempo, abre la puerta a un debate más amplio sobre cómo fomentar el desarrollo de videojuegos nacionales sin frenar el acceso de los jugadores.

En conclusión, los videojuegos en México siguen siendo un fenómeno cultural y económico en expansión. Aunque las expectativas de un impulso mayor a través de políticas públicas parecen haberse frenado, la pasión de los jugadores y la creatividad de los desarrolladores nacionales continúan marcando el rumbo de esta industria, ahora con la certeza de que en 2026 no habrá un impuesto que limite su crecimiento.

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