Por: Adriana Rocha
La prevención del suicidio continúa siendo uno de los retos más importantes en materia de salud pública. Así lo explicó la Lic. Bertha Patricia López Reynoso, coordinadora de Salud Mental en la Jurisdicción Sanitaria, quien detalló los principales factores de riesgo que hoy se observan en jóvenes y adultos, así como las acciones que familias, escuelas y comunidades pueden emprender para reducirlos.
Señales de alarma que no deben ignorarse
La especialista señaló que existen síntomas claros que pueden alertar sobre un posible riesgo. Entre ellos, el aislamiento social, la pérdida de interés por actividades cotidianas, cambios drásticos en los hábitos de sueño y alimentación, y expresiones relacionadas con el deseo de desaparecer.
“Podemos observar frases como ‘quisiera cerrar los ojos y ya jamás despertar’ o ‘quisiera irme y nunca regresar’”, comentó López Reynoso.
Otro indicador relevante es el llamado “tema de la despedida”, cuando la persona comienza a encargar bienes, mascotas o pertenencias significativas, o incluso regala objetos de valor emocional. También advirtió que el incremento en el consumo de alcohol o drogas puede ser una señal de alarma.
Señales en escuelas y entornos educativos
En el entorno escolar, López Reynoso destacó tres señales que suelen pasar desapercibidas: faltas recurrentes, situaciones de violencia o bullying, y la muerte reciente de un familiar cercano. Estos factores pueden detonar crisis emocionales en adolescentes.
“Cuando se detecta violencia escolar, la persona es más propensa a desarrollar riesgo de suicidio”, puntualizó.
El papel de la familia: escuchar salva vidas
La licenciada subrayó que uno de los mayores obstáculos es la cultura familiar mexicana, donde el malestar emocional suele minimizarse o juzgarse. Frases como “estás así por flojo” o “no exageres” pueden profundizar el aislamiento.
“Escuchar puede salvar vidas. No juzgar y acompañar es fundamental”, afirmó.
Recomendó no regañar, no insultar, validar el dolor emocional y abrir espacios de conversación segura. En casos de autolesiones, pidió evitar el castigo y priorizar la cercanía y el acompañamiento.
Dónde buscar ayuda
El primer paso es el acompañamiento familiar. El segundo, convencer a la persona de buscar atención profesional en centros de salud o consultorios municipales. Para casos de crisis, la Jurisdicción cuenta con una línea de atención psicológica: 800-290-0024.
“Ellos mismos nos van a ubicar en la unidad donde pueden recibir atención”, explicó.
Impacto de la pandemia en la salud mental
El aislamiento social durante la pandemia dejó secuelas profundas: aumento de estrés, ansiedad y depresión, pérdida de redes de apoyo escolares y afectación emocional por muertes prematuras.
Las escuelas, señaló, son un factor protector cuando existe convivencia sana y libre de violencia.
Mitos que dificultan la prevención
Uno de los mitos más dañinos es creer que hablar del suicidio provoca que la persona lo piense.
“Preguntar ayuda. Favorece que la persona pueda responder y recibir atención”, afirmó López Reynoso.
La recomendación es preguntar de forma directa y acompañar hacia un servicio profesional.
La Secretaría de Salud aplica cuestionarios para detectar riesgo y canalizar casos. Las escuelas pueden reforzar la prevención mediante pláticas sobre salud mental, talleres de habilidades para la vida y programas dirigidos a madres y padres para fortalecer habilidades parentales.
“El suicidio es prevenible. Hay que hablar del tema, acompañar y acudir a profesionales cuando sea necesario.”

















































