Por: Rocio Godinez
Una de las tradiciones más arraigadas, coloridas y deliciosas de León, es la festividad de San Nicolás de Toletino, celebrada en la colonia Obregón, mejor conocida como el Barrio Arriba.
El olor a pan, a azúcar, a dulce penetraba las calles principales de este barrio, decenas de puestos, fueron instaladas desde temprana hora.
Sobre tablas, mesas e incluso hasta en triciclos, los comerciantes se instalaron para ofrecer los mini panes.
En punto de las ocho de la mañana, se ofreció una de las misas, para comenzar con la bendición de las primeras piezas de pan. Con canasta en mano, principalmente mujeres arribaron al templo para minutos después con su pan bendito.
La Feria del Panecito hunde sus raíces en la devoción a San Nicolás de Tolentino, santo patrono de Barrio Arriba. Se cuenta que, hace más de medio siglo, los feligreses llevaron como ofrenda pequeños panecillos al templo para pedir buenas cosechas y salud para la comunidad. Con el paso de los años, la costumbre se volvió tradición.
Y aunque en la actualidad ya no se realiza la misma ofrenda, la tradición continua con donas, cuernitos, bizcochos, bolillos, con chas, mantecadas, bisquets, pastizetas, polvorones, pastelitos, moños, pays, minibolillos y hasta merengues.
Para completar la fiesta, no faltaron los puestos con antojitos mexicanos, dulces típicos, juguetes, imágenes religiosas, velas artesanales, artículos de pasta francesa, artesanías, ropa y otras novedades.
Angélica Juárez, de la colonia 10 de Mayo, llegó a comer y después compró su canasta y panecillos, para acudir a la bendición. Posteriormente, se sentó a descansar en una de las bancas del atrio.
Por su parte Manuela Méndez, vecina de la colonia El Retiro, acude desde que tenía 8 años, cuando sus papás la llevaban. “Mis papás nos traían a mis hermanos y a mí, pero ellos ya fallecieron, ahora yo sigo con esta tradición tan bonita y es una pena y una tristeza que a la juventud ya no le agrade esto”, explicó.
Otra de las feligreses fue Rosario, quien acompañada de sus hijos, se trasladaron desde Villas de León, hasta el templo, para escuchar misa por la tarde, cenar y recorrer la tradicional verbena.

















































